
En este artículo tan interesante nos trasladan la importancia que tiene, en el desarrollo psicológico de la infancia, la etapa de los 2 años aproximandamente, que suele estar caracterizada por rabietas.
¿Por qué se producen los enfados / rabietas?
Alrededor de los dos años, niños y niñas empiezan a ser más conscientes de sí mismos y empiezan a diferenciarse de los adultos. En los primeros meses de vida, la dependencia de las figuras de cuidado es tan intensa que los bebés no se distinguen de la figura cuidadora. Poco a poco, comienzan a controlar más su propio cuerpo, tienen más autonomía, etc. Suele coincidir en esta época, también, la etapa en la que pueden controlar más los esfínteres, por lo que se inicia la retirada del pañal.
Vemos que en esta etapa se dan muchísimos cambios, y muy importantes. Niños y niñas, en esta fase, descubren que pueden decir «no». Es éste un momento placentero, y muchas veces lo repiten hasta la saciedad, acabando con la paciencia de los progenitores o figuras de cuidado. No son pocas las ocasiones en las que este «no» se termina transformando en una rabieta. Los pequeños están empezando a construir su autonomía, a diferenciarse de los adultos, quieren que las figuras que les cuidan estén presentes, pero a la vez, no quieren depender de ellas. Y ahí, en todo ese conflicto interno, es cuando aparecen los enfados y las rabietas.
¿Qué hacer ante las rabietas?
Fundamentalmente sobrevivir a ellas. Niños y niñas tienen que sentir que no destruyen a sus figuras de cuidado. A veces es muy complicado aguantar estos momentos, porque además suelen darse cuando peor nos viene (preparándonos para ir al colegio, en mitad del supermercado, etc). Pero es importante no dejarse llevar por el enfado que nos pueden producir, y entender que es una etapa, y que pasará.
Es importante también entender el valor que tiene para el menor esta fase de marcar su autonomía e independencia. En algunas ocasiones nos sorprenderá el «no», pero podremos respetárselo. En otras ocasiones lo que el menor plantea es innegociable, así que habrá que aguantar el momento de enfado, y acompañarlo de la mejor manera posible. Suele ser útil, cuando los niños se enfadan, reconocerles la rabia que pueden estar sintiendo, y diciendo que nos vamos a quedar por ahí cerca hasta que se les pase. También puede ser útil ofrecer una alternativa o algo más agradable para cuando se le pase. No se trata de darles un premio, sino de aclarar que después de ese momento desagradable, van a pasar otras cosas que seguro que les gustan más.
¿Qué hacer si el niño o la niña pega?
Tal y como plantean en el artículo, es necesario entender que con esta edad los pequeños tienen muy poca capacidad de lenguaje, por lo que ante momentos de mucho estrés, aparecen los instintos más primarios. Es posible que siendo bebé nos haya soltado algún manotazo y se le haya enseñado que eso no puede hacer, pero que en esta etapa, vuelvan a soltar manotazos, o mordiscos, especialmente a las personas más cercanas.
En estas ocasiones habría que transmitir, de forma seria, que eso no se puede hacer. En ningún caso sería conveniente devolver el golpe con la idea de que así entiende el dolor que ha generado.
En algunas ocasiones, si se considera que las reacciones de los pequeños son demasiado exageradas, puede ser necesario consultar con un profesional. Para cualquier duda sobre este u otros temas pueden ponerse en contacto a través de este formulario, o en el teléfono 653 724 653, con María Bilbao Nogueira, psicóloga en Bilbao.








