Ocultar la depresión

Depresión. Foto de mujer creado por rawpixel.com – www.freepik.es

Ocultar la depresión, ¿un logro? ¿o una trampa?

En esta noticia tan interesante nos hablan de un fenómeno que suele verse en aquellas personas que sufren depresión. Muchas de estas personas sienten que deben ocultar su estado de ánimo. Algunos profesionales le han puesto nombre a dicho fenómeno, llamándole «depresión sonriente». Más allá de la terminología, es verdad que en consulta atendemos a personas que se han sentido mal durante mucho tiempo, y han necesitado ocultarlo.

¿Por qué ocultar la depresión?

Hay una frase que en ocasiones decimos de broma cuando alguien nos pregunta a ver qué tal estamos. «Bien, ¿o te cuento la verdad?». A pesar de que es una broma, dicha frase esconde una verdad. Y es que todos sentimos que molestamos a los demás cuando les contamos nuestros problemas. En parte tenemos razón en pensar eso, porque cuando tenemos la experiencia de que alguien nos cuente su sufrimiento… nos damos cuenta de lo difícil que es escucharlo.

Pero además muchas personas, por su rol profesional o personal, consideran que no se pueden permitir mostrar su tristeza. Especialmente si otras personas dependen de ellos. En la noticia plantean el caso tan terriblemente doloroso de las mamás con depresión postparto. Sienten que no pueden expresar lo que verdaderamente sienten porque nadie les va a entender. Razón no les falta ya que alrededor de la maternidad hay demasiada idealización y poca posibilidad de compartir las cuestiones más complejas.

¿Qué hacer si nos sentimos tristes?

Es importante poder distinguir la tristeza de la depresión. No es lo mismo. Tristes nos podemos sentir una temporada, un día, un rato… sin considerarse que estamos deprimidos. No obstante a veces se banaliza el concepto depresión cuando muchas personas que tan solo tienen un par de días de tristeza dicen que están deprimidos. Normalmente lo que distingue una cosa de la otra suele ser la intensidad de los síntomas, así como la duración de los mismos.

Los síntomas clásicos de la depresión serían la sensación de vacío, culpa, tristeza, así como la falta de interés y energía (hasta para los actos más cotidianos en el extremo). Normalmente la depresión tiene que ver con pérdidas de algún tipo: de personas, proyectos, amor propio…

Sería conveniente consultar ante estos síntomas, a fin de poder evaluar mejor la situación y decidir el apoyo más adecuado.

Para cualquier duda pónganse en contacto a través del teléfono o de este formulario, con María Bilbao, psicólogo en Bilbao.

Fuente: elpais.com

 

 

Ansiedad y angustia

Foto de negocios creado por katemangostar – www.freepik.es

 

Ansiedad y angustia son dos términos muy relacionados, pero que no quieren decir lo mismo. Cuando hablamos de ansiedad nos referimos a la respuesta ante una situación de emergencia actual o futura. Sentir ansiedad, por tanto, sería adaptativo, porque nos prepara para la acción. Sin embargo, se convierte en algo que no es adaptativo cuando en realidad no hay dicha emergencia. La angustia consiste en las manifestaciones fisiológicas de la ansiedad. Tal y como exponen en esta noticia, la ansiedad nos protege, salvo cuando no existe dicho peligro.

Los síntomas físicos de la ansiedad (sensación de angustia)

  • Palpitaciones en el corazón.
  • Sensación de necesidad de orinar.
  • Mareos y/o náuseas.
  • Sensación de tener diarrea.
  • Temblor.
  • Dificultad para respirar.

En ocasiones, todos o parte de estos síntomas aparecen en lo que conocemos como crisis de ansiedad o ataque de pánico. Normalmente las personas que acuden a consulta por haber tenido uno o más ataques de pánico se sorprenden de que tuvieron dicho ataque en un momento de calma. Esto es lo habitual. La sensación es terrible para los que lo han vivido. Hay dificulta para respirar, dolor en el pecho… por lo que normalmente la persona piensa que está teniendo un paro cardíaco. Así mismo suele ir acompañado del pensamiento de que la muerte es inminente. Normalmente suelen finalizar con una sensación de agotamiento y de frío. Algo relativamente habitual es que un ataque de pánico sea el inicio de una época de ansiedad constante.

Causas

Encontrar las causas de la ansiedad es algo importante en un posible tratamiento. Es importante entender que la causa de la ansiedad no suele ser única. Normalmente hay diferentes factores que influyen en su aparición. En ocasiones la persona que acude a consulta tiene una idea de qué puede estar provocando su ansiedad. No obstante, es posible que haya más causas además de la que la persona es consciente.

Para cualquier información sobre este tema, no duden en ponerse en contacto con María Bilbao, psicólogo en Bilbao.

Fuente: elmundo.es

 

 

Niñas, niños, y nuevas tecnologías

Foto de escuela creado por yanalya – www.freepik.es

Los niños y niñas actuales nacen de la mano de las nuevas tecnologías. Si bien los adultos nos hemos tenido que adaptar al uso de tablets, smartphones y demás dispositivos… no así los peques de la casa. Llama la atención ver a niños de prácticamente un año de edad manejando el smartphone con soltura. Cierto es que los gestos para pasar de foto o de pantalla son intuitivos. No obstante, que los niños y niñas lo sepan usar no quiere decir que sea positivo para ellos.

Pantallas y ¿tranquilidad?

Padres y madres usan habitualmente las pantallas para tranquilizar a hijos e hijas. En muchas ocasiones parece que ayudan a que coman tranquilos. O a que no den guerra cuando estamos en un sitio donde se requiere cierto silencio. O a que no llamen de manera constante nuestra atención cuando no podemos atenderles porque estamos ocupados. Es cierto que cuando a un peque se le deja una pantalla con un capítulo de su serie favorita, parece que se calma. Pero… ¿se calma realmente?

Cuando los niños muy pequeños tienen delante una pantalla con imágenes con sonido y movimiento (una serie, una película)… no entienden por sí mismos lo que están viendo. Lo único que reciben son estímulos a los que todavía no pueden dar forma adecuadamente. En muchas ocasiones son estímulos que van muy rápido, con sonidos también cambiantes, que no logran comprender. No están todavía preparados para eso. Por tanto, aunque puedan parecer que se quedan embelesados mirando la pantalla, y no molestan… en realidad están siendo bombardeados con numerosos estímulos que no pueden procesar. No es conveniente, por tanto, que menores de dos años usen dichos dispositivos a menudo.

Pantallas y compañía

Otra de las cuestiones fundamentales de que un niño o niña vea una serie es el poder compartirla. Sin embargo, en numerosas ocasiones los adultos usamos las pantallas para que los menores estén acompañados mientras hacemos alguna tarea. No se trata de culpabilizarse, pero sí de poder entender qué supone para un niño este tipo de situaciones.

Los niños y niñas, de lo que realmente disfrutan, es de ver aquello que les gusta acompañados del adulto de referencia. La figura del adulto en estas ocasiones tiene varias funciones. Una de ellas, muy importante, es la de poner en orden y dar sentido a lo que el menor está viendo. Los adultos explicamos qué está pasando en las series o películas que los niños ven. De hecho si nos sentamos con ellos, a veces nos hacen preguntas espontáneamente. Otra función sería la de compartir. Los niños y niñas deben compartir con sus mayores experiencias placenteras. Esto refuerza los vínculos y mejora sus emociones.

Y por otro lado, no podemos olvidar la función que hacen los padres y madres de control sobre los contenidos a los que están expuestos los menores con las nuevas tecnologías. A golpe de click, sin que nos demos cuenta y sin que ellos mismos quieran, niños y niñas acceden a contenidos inapropiados, que les impactan a edades muy tempranas.

Conclusiones

No se trata de demonizar las nuevas tecnologías. Simplemente de entender qué está en juego cuando un niño o niña está delante de una pantalla. De esta manera podremos mejorar su uso.

Para cualquier cuestión sobre este tema u otros, no duden en ponerse en contacto con María Bilbao, psicólogo infantil en Bilbao.

Fuente: elpais.com

 

Como ayudar en procesos de duelo

Foto de personas creado por bearfotos – www.freepik.es

Muchas veces nos preguntamos cómo ayudar a alguien en proceso de duelo. Esta es una pregunta interesante. ¿Es necesario un tratamiento específico?

La sociedad actual

La sociedad actual no permite estar triste. Tal y como nos recuerdan en esta noticia, si alguien se casa tiene 15 días de vacaciones. No obstante, tras un fallecimiento tan sólo nos corresponden tres. ¿Cómo es esto posible? Vivimos unos tiempos donde se nos permite disfrutar, todo debe ser placer y logro. Pero no podemos sufrir y dolernos, porque se paralizaría la producción. Seguramente haya algo de esto detrás, de lo que tiene que ver con la producción y la sociedad de consumo.

No obstante, el estar triste también tiene que ver con sentir que todo no se puede, que estamos condicionados. Y esto, precisamente en los tiempos que corren, no se tolera. La muerte nos recuerda que todo no es posible, que el placer es limitado. Los seres humanos necesitamos vivir sin pensar en la muerte constamente, o en las desgracias o posibles accidentes. Pero la muerte forma parte de la vida, y nos recuerda que hay límites.

Cómo ayudar

El proceso de duelo es un trabajo laborioso. Ya estemos hablando de duelo por fallecimiento o por cualquier tipo de pérdida. Como trabajo que es, requiere un tiempo. Y tal y como planteábamos, actualmente parece que no hay tiempo para esto. Por tanto, a veces se considera como patológica la tristeza propia del duelo.

Cualquier persona que haya sufrido una pérdida importante sabrá que no hay palabras de consuelo posibles. Lo que la persona que está en duelo necesita suele ser compañía y sensación de que el otro está disponible. Y el trabajo del duelo va a llevar un tiempo. Dicho trabajo consiste en poder ir desprendiendo la energía que teníamos puesta en lo que hemos perdido, y ponerla en otro lugar.

Efectivamente hay situaciones de duelo que pueden requerir ayuda terapéutica, porque no todas las pérdidas son iguales y no todas las personas tampoco. Pero hay que valorar cada situación en particular y no alarmarse porque tras una pérdida estemos tristes. ¿Cómo no estarlo?

Para cualquier duda relacionada con esta situación u otras, no duden en ponerse en contacto con María Bilbao, psicólogo en Bilbao.

Fuente: elmundo.es

 

Sexualidad de niños y niñas (sexualidad infantil)

Vector de fondo creado por brgfx – www.freepik.es

Niños y sexualidad, dicho así, puede asustar. Sin embargo, los niños y las niñas están en contacto con su sexualidad de diferentes maneras a lo largo de su vida. En estos días ha sido noticia que se va a implementar un programa en colegios de Navarra, orientado a trabajar la sexualidad infantil en la escuela. Ha habido opiniones muy diversas acerca de dicho programa.

Sexualidad infantil y sexualidad genital

Algo muy importante a tener en cuenta es la diferencia entre sexualidad infantil y genital. El acceso a la sexualidad genital llegar con la pubertad. Es en ese momento cuando el cuerpo está preparado para tener experiencias sexuales genitales. Hablamos del cuerpo simplemente. Eso no quiere decir que a esa edad se esté preparado siempre para tener relaciones sexuales a otros niveles: emocional, psíquico…

Niños y niñas tienen sexualidad. Pero es una sexualidad diferente a la que nosotros tenemos, como adultos. Los niños y las niñas, desde muy pequeños, están interesados en su sexo. Pronto empiezan a tocarse, a explorar, a querer tocar a los demás, etc. Antes de este momento ya hay sexualidad infantil: el deseo de tocar todo con la boca, o el placer derivado de controlar los esfínteres, o aguantarse el pis y las cacas… Son estas experiencias orientadas a distinguir y conocer su cuerpo, así como el de los demás. Comienza el interés por las diferencias entre chicos y chicas. En este contexto puede haber comportamientos o comentarios que nos hagan enrojecer a los adultos. Pero esto sucede porque nosotros lo vemos con nuestros ojos de adultos.

Qué hacer ante el interés de los niños por la sexualidad

Los niños y niñas tienen ritmos diferentes en el acceso a la comprensión de la sexualidad genital. Es importante adaptarse al ritmo de cada uno. Suelen hacer muchas preguntas que a veces los adultos no sabemos cómo responder. Para saber qué tienen en su cabeza en ese momento, se les puede pedir que intenten contestar a su propia pregunta. Esto nos da información muy valiosa. De esta manera sabremos qué está dispuesto a entender y qué no. No es conveniente explicarles en detalle cosas que no están preparados para entender. Le podemos explicar a un niño o niña con dibujos y esquemas cuál es el origen de su hermanito… que si todavía no tiene edad para entenderlo no lo va a hacer. Después de una charla de este tipo, no son pocas las ocasiones en las que los niños dicen: «vale, eso son los dibujos, pero mi hermanito va a salir por el culete de mamá». Por tanto, es conveniente estar atentos a sus necesidades. Adaptarse a su ritmo. Ante cualquier pregunta de un niño acerca de la sexualidad no hace falta dar una lección de anatomía. Simplemente escuchar y ver qué es lo que quiere entender, y hasta dónde está dispuesto a hacerlo.

Para cualquier información sobre este u otros temas no duden en ponerse en contacto con María Bilbao, psicólogo en Bilbao (niños, adolescentes y adultos).

Fuente: abc.es

 

Adolescencia: retos y dificultades

adolescencia Foto de chica creado por rawpixel.com – www.freepik.es

Solemos tender a pensar en la adolescencia ya pasada como una época maravillosa. Es cierto que los años de la adolescencia son intensos y tienen muchas cosas interesantes. No obstante, no están exentos de retos y dificultades.

Tareas de la adolescencia

Los y las adolescentes tienen unos años de múltiples retos por delante.

  • Deben acomodarse a un cuerpo nuevo. Este cuerpo ya no es el cuerpo infantil. Es un cuerpo que sienten que no pueden controlar (menstruación, granos, excitaciones, enrojecimiento…). El cuerpo que poco a poco va cambiándoles puede ser vivido como algo que les enorgullece, o como algo que prefieren ocultar.
  • Establecer un nuevo tipo de relación con sus padres. Durante la infancia los padres y madres son vistos como modelos a imitar. En la adolescencia pasarán a ser justo lo contrario. Es posible que sientan incluso vergüenza en compañía de ellos. Esta tarea supone un reto para los adolescentes, pero también para sus mayores. Los adultos deben tolerar ser cuestionados permanentemente. Si padres y madres logran aguantar esta situación, pero manteniéndose lo suficientemente cerca por si les necesitan… les estarán ayudando en la siguiente tarea.
  • Contruir una red social. En esta época las amistades pasan a tener una importancia vital. Cualquier conflicto a este nivel puede ser vivido como algo irreparable, que les marcará de por vida.
  • Búsqueda de una identidad propia. En esta búsqueda suelen aparecer los ídolos a seguir. El conflicto surge si sienten que se están convirtiendo en «pringados».
  • Encontrar el punto medio entre ser dependientes de sus padres, y sentirse autónomos a otros niveles.

Sufrimientos en la adolescencia

Como vemos, la adolescencia es una etapa llena de oportunidades. Pero también es una época de posibles conflictos tanto externos como internos. Tal y como nos señalan en esta noticia los adolescentes tienen cada vez mayor problemática de tipo depresivo. Más allá de las estadísticas, que siempre son cuestionables, lo cierto es que durante la adolescencia también se sufre. Todas estas tareas antes comentadas son muy costosas a nivel emocional. Y a veces el sufrimiento interno de los y las chavalas lo canalizan «dando guerra». Hay que estar atentos a la sintomatología que puedan mostrar en esta época, porque puede ser signo de un exceso de dolor mental y una necesidad de ayuda.

Si hacemos el ejercicio de pensar de forma sincera sobre nuestra adolescencia, seguramente podamos recordar algunos de estos momentos de sufrimiento.

Para cualquier duda sobre este tema, no duden en ponerse en contacto con María Bilbao, psicólogo en Bilbao.

Fuente: infocop.es

Diagnóstico de hiperactividad, más allá de la etiqueta

Niños Vector de Niños creado por freepik

En esta noticia nos hablan del diagnóstico de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). En la actualidad es éste un diagnóstico bastante controvertido.

Sobrediagnóstico

Tal y como señalan los profesionales entrevistados, hay un sobrediagnóstico de dicho trastorno. Los trastornos van cambiando con la sociedad, porque dicha sociedad se va modificando. No obstante, el diagnóstico de hiperactividad nos señala la patología de la misma. Vivimos en un mundo absolutamente hiperactivo. Sin embargo, no toleramos ese nivel de actividad en los niños y niñas. En muchas ocasiones los criterios para el diagnóstico se basan en criterios subjetivos. Lo que una persona puede sentir como algo insoportable y excesivo, tal vez otra lo viva como una ligera molestia. Antes decíamos «es un niño movido», y ahora directamente se le pone la etiqueta de hiperactivo. Y seguramente lo que hace años se entendía como «niño movido» era bastante más movimiento que el que se tolera actualmente.

Qué hacer después del diagnóstico

Puede que el diagnóstico de TDAH tranquilice a muchos padres y madres. Al fin alguien da una explicación de lo que le pasa al hijo o hija. Pero esto no es suficiente. ¿Qué hacer después?

En primer lugar habría que entender la hiperactividad como un síntoma. Es decir, como una manifestación de algo. No quedarse en el mero diagnóstico suele ayudar a los niños. Cuando un niño está hiperactivo… es por algo. Importante esta sutil diferencia entre «ser» hiperactivo, y «estar» hiperactivo. Decir  que un niño o niña es hiperactivo nos hace pensar en una cronicidad. En cambio decir que está hiperactivo nos hace pensar en algo a seguir investigando, para entender los motivos. Y sobre todo… habla de un estado, no de algo permanente.

Para poder entender lo que puede haber detrás del diagnóstico de hiperactividad, sería recomendable acudir donde un profesional. La psicoterapia puede ayudar a entender los motivos, lo que permitirá ayudar al niño o niña de una forma quizá más adecuada.

Para cualquier duda sobre este tema no duden en ponerse en contacto a través del formulario o del teléfono con María Bilbao, psicólogo en Bilbao.

Fuente: abc.es

 

 

Jóvenes, ansiedad y depresión

Photo de Negocios creado por katemangostar Adolescentes y jóvenes, ansiedad y depresión

Hay una tendencia a pensar que los jóvenes no pueden sufrir ni ansiedad ni depresión. En general todos idealizamos la adolescencia. Cierto es que es una época marcada por una sensación de libertad y de ser capaz de todo. Pero también es una edad de transición muy importante.

Tareas de la adolescencia

Los adolescentes tienen que hacer un gran duelo. Es el duelo que consiste en dejar atrás la infancia. Esto supone irse despidiendo de la sensación de estar protegido constantemente. A su vez, tienen que ir decidiendo, poco a poco, su futuro. Y todo esto lo tienen que hacer en una edad en la que su cuerpo está cambiando cada día. Es decir, con una sensación de no saber muy bien todavía quiénes son ni quiénes quieren ser. No es esta tarea fácil.

Cuándo pedir ayuda

En medio de este tránsito pueden aparecer sentimientos de ansiedad y tristeza. Esto es normal. Si echáramos la vista atrás y fuéramos honestos pensando en nuestras propias adolescencias… seguramente algo de esto recordaríamos. No es una época tan idílica. No obstante, hay ocasiones en las que esta ansiedad y/o esta tristeza son tan importantes que comprometen el desarrollo. Habría que pedir ayuda.

En esta noticia tan interesante nos plantean que tan solo la mitad de adolescentes y jóvenes que están sufriendo estos síntomas acuden al médico. Más allá de que el hecho de que el sistema esté saturado y la respuesta que muchas veces encuentran si van al médico de cabecera es tan solo medicamentosa… pero también hay un desconocimiento de cuándo pedir ayuda.

Los síntomas propios de la ansiedad serían: sensación de miedo, o inquietud; dificultades en la respiración; palpitaciones; mareos; temblores; ganas de vomitar; y diarrea o necesidad de orinar constante. Además, los propios de la depresión serían: sentimientos de vacío, tristeza, culpa; así como la falta de energía.

Cuando algunos de estos síntomas son sostenidos en el tiempo, merecería la pena consultar. Para cualquier duda relacionada con estos temas pónganse en contacto con María Bilbao, psicólogo en Bilbao.

 

 

Sobrevivir a la adolescencia

Adolescentes https://www.freepik.es/foto-gratis/chicas-con-guitarra_1462152.htm

Sobrevivir a la adolescencia no es tarea fácil. Ni para los adolescentes propiamente dichos… ni para sus padres.

Madurez física

La adolescencia es una etapa de enormes retos. Supone adaptarse a los cambios fisiológicos. Estos cambios, de sobra conocidos por todos, provocan malestar en los adolescentes. El cuerpo se hace visible, empieza a cambiar, tiene formas. Y esto va acompañado de algunas expresiones corporales incotrolables. La menstruación, algunas erecciones, el acné… Los y las adolescentes tienen la sensación de que su cuerpo tiene vida propia, que escapa a su control.

La adaptación a tal situación puede tomar diferentes vías. Hay adolescentes que permanentemente tapan su cuerpo, poniéndose decenas de capas. Otros adolescentes optan por «trabajar el cuerpo» como una manera de controlarlo. Y en este deseo de control se enmarca también en algunas ocasiones las dificultades con la alimentación propias de la anorexia. El cuerpo, en esta época, se puede vivir como amigo o como enemigo. Normalmente hay un poco de todo a la vez, y la sensación de que el cuerpo les molesta cambia un poco en función del día. Esta sensación es conocida y relatada por muchos adolescentes, y por sus padres y madres que la sufren.

Identidad

Los adolescentes comienzan a sentir que sus padres ya no lo saben todo, y buscan nuevos modelos de identidad. Esto es de sobra conocido por todos. A veces hacen elecciones que no gustan a sus padres, las famosas «malas compañías». Sean buenas o malas compañías la razón siempre para elegirlas es la misma, tener un grupo de referencia propio. Todo debe ser lo más diferente al mundo adulto posible: las aficiones; el lenguaje propio; la música; los horarios (salen de noche)…

Sin embargo, algo que sorprende mucho a padres y madres es esta sensación de no saber cómo acertar con ellos. Es difícil acertar con la distancia. «Si le llamas porque le llamas, y si no le llamas porque no le llamas», dicen muchos padres. Cierto es que los adolescentes viven con una especie de fantasía / temor de que los demás les invaden y les leen el pensamiento. Se sienten transparentes a los demás, lo que tiene que ver con lo que planteábamos antes de la sensación de que su cuerpo va por libre. Pero a la vez… necesitan sentir esa seguridad, ese puerto al que acudir cuando las cosas les van realmente mal, que son sus padres. Por tanto… es complicado acertar con ellos.

Qué hacer con adolescentes en casa

Padres y madres tendrían que poder tolerar que sus hijos les vean un poco como invasores, porque esto permite a los adolescentes poder hacer su camino. Pero a la vez deberían poder estar ahí cuando se les necesita. No es tarea fácil esta. Pero no podemos olvidar que para los y las adolescentes tampoco es una tarea fácil. A veces deberíamos hacer un poco de memoria los adultos, para acordarnos de cómo nos sentíamos a esa edad: llenos de dudas, de temores hacia el futuro…

Para cualquier otra información sobre éste u otros temas, se pueden poner en contacto con María Bilbao, psicólogo en Bilbao.

 

Niños y niñas en los parques

Niños en parque. Diseñado por Freepik

Hace unos días se hizo viral un vídeo de unos niños y niñas jugando en un parque de Bilbao. Se hizo viral rápidamente por el conflicto que mostraba. Hubo diferentes interpretaciones del mismo.

Lo cierto es que los conflictos en los parques son habituales. A veces se producen entre los niños y niñas, y a veces… incluyen a los padres y madres. En esta noticia se expone una especie de decálogo sobre lo que hay que hacer en este tipo de situaciones.

La importancia del juego en los niños

Para los niños, el parque es un espacio para «jugar», como ellos manifiestan. Sin embargo, no solamente es eso. A través del juego los pequeños aprenden cosas tanto o más importantes que las de la escuela. Es más, es necesario poder jugar para que se den los aprendizajes escolares.

Un ejemplo fácil de entender en este sentido sería el de un niño que no sabe perder. A lo largo de la vida tenemos el deber de mostrar a nuestros hijos que existen los límites. Pero no solamente los límites en el sentido normativo. También los límites en el sentido de que no podemos hacer todo. Estamos limitados. Habrá cosas que se nos den bien… y otras que no tanto. Esto se puede transmitir en muchas situaciones de la vida. El juego es una de ellas. Cuando jugamos con nuestros hijos e hijas podemos mostrarles esto. Tan solo de esta manera se consigue que puedan aceptar perder. Perder supone aceptar una cierta fragilidad, natural en todo ser humano. Los niños que no saben perder tampoco pueden aprender en la escuela. ¿Por qué? Aprender supone aceptar que uno no lo sabe todo, y que necesita del otro para saber.

Cuando los niños y niñas juegan adquieren una cantidad de capacidades tan necesarias para la vida como las matemáticas. El juego en compañía supone una oportunidad para reconocer las emociones propias y ajenas, para conocer los límites del cuerpo, para desarrollar la fantasía… y un largo etcétera.

El papel de los padres y las madres

La psicología infantil nos ha mostrado que padres y madres son importantísimos en el juego de los menores. Cuando juegan con ellos hacen de ejemplo, acompañan, recogen las emociones que surgen en el juego…

Y su presencia en los parques es fundamental para los niños. Niños y niñas, sobre todo cuando son pequeños, necesitan la mirada del adulto. Aunque estén jugando con otros niños, demandarán que su aita o ama les mire. Esto es algo natural, ya que quieren compartir sus avances y capacidades con los adultos. A veces es difícil para los padres encontrar el punto medio de interés y de dejarles a su aire. Los padres deben ser un apoyo para que el menor vaya, poco a poco, siendo cada vez más autónomo.

No obstante cada edad es diferente. Los niños muy pequeños, aunque estén en el parque, requerirán del apoyo constante de los adultos. A medida que van cumpliendo años pueden compartir más cosas con otros niños. No podemos esperar que un peque de 2 años quiera compartir sus juguetes. Si lo hace, será porque se lo pedimos o porque quiere el juguete de otro niño y acepta un intercambio.

Dentro de esos avances necesarios en el desarrollo de los menores está la capacidad de resolver conflictos. No hay que asustarse de que los niños y niñas discutan en el parque. O que incluso se peguen. Están construyendo sus límites, incluso corporales, y van probando diferentes cosas. De hecho hay edades donde los juegos con cierta violencia son habituales y necesarios. Es ésta una violencia controlada, con normas que ponen los propios niños, y que el que se pase… es expulsado del grupo. Juegos como el campo quemado es un ejemplo de ello. Si resolvemos cada situación difícil de nuestros hijos no estaremos apoyando su crecimiento, sino que estaremos haciendo que sigan siendo dependientes de nosotros, y se sientan vulnerables.

Fuente: elnortedecastilla.es

Para cualquier consulta sobre este tema, u otros, se pueden poner en contacto a través de este formulario en la web de María Bilbao, psicólogo infantil en Bilbao.