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En este artículo tan interesante reflexionan sobre una situación habitual en muchas cosas. Niños y niñas aparentemente pasan un buen día, pero al llegar a casa se enfadan por cualquier cosa. ¿Qué está pasando? No son pocas las veces que se escucha decir a padres y madres algo así como “¿que mi hij@ se porta bien? ¡Pues será contigo, porque conmigo no!”.

¿Por qué se portan mal?

Efectivamente, esta frase tan escuchada tiene una buena parte de realidad. En muchas ocasiones los niños y las niñas llegan a casa después de una larga jornada escolar y de actividades extraescolares. En esos espacios, rodeados de personas con las que tienen una relación de menor confianza que la de sus padres, hacen un esfuerzo por estar bien. Tienen frustraciones, decepciones, envidias, etc., y a veces no expresan nada de esto, para no molestar, o no sentir vergüenza, o dar una buena imagen. Sin embargo, al llegar a casa, expresan todo el malestar sentido con las personas con las que tienen más confianza, que normalmente son aquellas que les cuidan y les crían.

Si nos paramos a pensar, esto en realidad nos pasa a todas las personas habitualmente. ¿Quién no ha tenido un mal día en el trabajo y lo ha pagado con la pareja en casa? Quizá en el trabajo hayamos necesitado poner buena cara, pero el enfado y la frustración acumulados hace que al llegar a casa, cualquier pequeño detalle haga que nos enfademos con la persona que tenemos al lado.

Niños y niñas en construcción

Si esto nos pasa a los adultos, a niños y niñas que todavía están en construcción, es mucho más probable que les pase. La diferencia es que los adultos podemos tener la posibilidad de darnos cuenta de por qué nos pasa, y con los niños y niñas es más difícil que sean conscientes de forma automática. Este proceso de hablar de qué les ha pasado o por qué están así hay que hacerlo con ellos y ellas.

Tal y como plantean en el artículo, a veces estos enfados también tienen que ver con una necesidad de pedir cariño, mimos y atención. Para algunos menores es difícil poder decir: “quiero un poquito de mimos porque he tenido un día duro”. A veces es que ni siquiera son conscientes de ello. Pero detrás de algunos de estos enfados puede estar esta necesidad.

¿Cómo actúar ante estas situaciones? Si intuímos o sabemos qué hay detrás del enfado, podemos comentárselo al menor como una posibilidad, a fin de intentar hacerlo consciente. Habría que intentar acompañarle en el estado emocional en el que se encuentra, para que sepa que tiene nuestro apoyo.

Sin embargo, hay otras situaciones en las que el nivel de enfado es más fuerte, o más constante, y puede ser necesario ayuda externa. Que un niño o niña esté permanentemente enfadado puede requerir un apoyo profesional tanto para el menor como para las figuras de cuidado.

Para cualquier duda sobre éste u otros temas pueden ponerse en contacto con María Bilbao Nogueira, psicóloga en Bilbao, a través de este formulario de contacto o en el teléfono 653 724 653.